Sistema Fontán

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Sobre la innovacion educativa del Sistema Fontán

Los fines del Colegio Fontán van más allá del ofrecimiento de un servicio educativo novedoso.  El Colegio Fontán ha sido durante muchos anos un laboratorio educativo, un banco de pruebas de pedagogía experimental destinada a forjar las metodologías y herramientas que le dieran el soporte al ideal de la “Revolución Educativa” sonado por su fundador, Ventura Fontán.

En el Sistema Fontán, el estudiante no encuentra salones de clase con un profesor dictando una materia.  Tampoco encuentra grupos por grados (el grupo de sexto, el grupo de noveno), tampoco verá a nadie dando explicaciones en un tablero.  El trabajo en el Sistema es individual y autodidáctico.  El estudiante lo realiza con unos textos autodidácticos que llamamos taus.

Los taus son la herramienta principal que utilizan los estudiantes para lograr la excelencia en cada tema.  Son textos disenados expresamente para el trabajo personal.  Los taus no son cuestionarios, no son tests, no son exámenes.  Los taus no son para “estudiarlos”, ni para “aprendérselos”: son para hacerlos bien hechos, para trabajarlos.  Por eso el estudiante debe aprender y practicar toda una metodología específica del trabajo en los taus, que le ayuda a cumplir su meta en el menor tiempo posible.

Principios del Sistema Fontán

Los principios de nuestro sistema han sido adoptados uno por uno en respuesta a exigencias teóricas o a hallazgos experimentales, y no por negación (o por oposición a priori) de los principios del sistema tradicional.

a)   Tiempo variable y rendimiento constante

El aprendizaje natural se rige por este principio.  Lo que importa es dominar un conocimiento, no simplemente “verlo”, o “entenderlo”.  Hay que llegar a la excelencia en el nivel requerido.  El tiempo que se emplee en lograrlo es cosa secundaria.

En el sistema escolar tradicional, el estudiante trabaja con tiempo constante y rendimiento variable.  En nuestro sistema, todo lo contrario: trabaja con tiempo variable y rendimiento constante.

b)   Principio de individualización

El estudiante avanza siempre a su propio paso, no al de otros.  Emplea el tiempo que necesita para su rendimiento óptimo, de excelencia.  Puede hacer un grado escolar en 4 meses, o quizá en 15, o en 23.  Comienza a trabajar cuando quiere y termina cuando sabe.
El estudiante decide qué tema estudia y a qué hora.  Qué materias escoge, cuando se examina, a qué ritmo progresa.  Cada estudiante recibe la atención educativa que necesita.

c)   Transmisión escrita del conocimiento

La verdadera Universidad de nuestro tiempo es una colección de libros, decía Carlyle.  Es decir, nuestra civilización es una cultura escrita.  El estudiante de hoy debe sumergirse en esa cultura escrita, no sólo en las culturas orales primitivas.  Esa “cultura del conocimiento” en la que el mundo vive está hecha de conocimientos lógicos, estructurados, apofánticos (de apofanio, mostrar).  Y el lenguaje escrito es mucho más eficaz que el oral para la transmisión de esa clase de conocimientos.  Hemos de dar prioridad educativa a esta cultura escrita.

De acuerdo con este principio, los estudiantes que trabajan en nuestro sistema educativo no aprenden nunca “en clase”, oyendo hablar a un profesor.  Aprenden siempre leyendo.  Ahora bien: los estudiantes ingresan en nuestro sistema sabiendo leer muy poco, porque el sistema tradicional no les ensenó a leer mentalmente.  Para compensar esta deficiencia, comenzamos mejorando la capacidad de lectura mental del estudiante.  Luego trabajan cada materia leyendo en textos especiales (los taus), disenados por nosotros, en los que se aplican sistemáticamente los principios del aprendizaje.  En esta forma, mejoran continuamente su capacidad de lectura mental.

d)   Principio de excelencia

El principio es éste: la excelencia es para todos.  No sólo para una élite.  Todos pueden alcanzar la excelencia: es cuestión de tiempo.  La mediocridad no es admisible.
Nuestros estudiantes presentan exámenes de todos los temas que trabajan.  Los piden cuando ellos se sienten bien preparados.  Los exámenes son difíciles.  En cada uno deben alcanzar la excelencia.  El nivel de excelencia se simboliza con números.  El mínimo teórico que debe alcanzar el estudiante es de 9 puntos (sobre 10).  Si no llega al 10, un analista de materia le envía un análisis escrito, que le orienta sobre lo que debe hacer.  El estudiante sigue entonces trabajando sobre el tema hasta volverse a preparar.  Vuelve a pedir examen y así continúa hasta que alcanza la excelencia en forma inequívoca.

e)   Énfasis en procesos

Lo importante es que el estudiante adquiera una capacidad funcional que le permita la autodidaxis de por vida.  No es importante que almacene “contenidos”, pues estos están siempre a su alcance en alguna fuente (libro, enciclopedia, atlas, base de datos, etc.).  Lo importante es que perfeccione sus procesos mentales (cognoscitivos o motivacionales) para la adquisición autónoma de conocimientos.

f)    Principio del placer intelectual

La educación debe basarse en la experiencia del placer intelectual, no en el concepto de esfuerzo, deber o sacrificio.  Este es quizá nuestro principio preferido, el que consideramos como base de todos los demás.

g)   Aprendizaje por iniciativa del estudiante

En nuestro sistema, el estudiante aprende siempre por su propia iniciativa.  Ejemplo: al estudiante no se le da el enunciado del teorema de Pitágoras para que se lo aprenda.  Por el contrario, él mismo “reinventa” el teorema partiendo de su experiencia, por un proceso de inducción.

h)   Cumplimiento de las leyes del aprendizaje

El estudiante aprende siempre de acuerdo a las leyes naturales del aprendizaje.

i)     Principio de motivación del aprendizaje

Puedes llevar el caballo al agua, pero no puedes obligarlo a beber.  El estudiante sólo aprenderá bien cuando desee hacerlo.  Para ello, el sistema educativo debe brindarle la motivación adecuada.  El nuestro ofrece una motivación basada sobre todo en reforzadores positivos intrínsecos.  El estudiante aprende “por el gusto de aprender”, como un auténtico intelectual.

j)    Principio de autonomía

El estudiante debe ser “promovido” a un estado de autonomía, de no necesitar al maestro, de trabajar y aprender por su cuenta, de ser intelectualmente maduro, etc.  Nuestro sistema aplica sistemáticamente este principio.

k)   Principio de responsabilidad

El Sistema Fontán adiestra al estudiante a cargar con la responsabilidad de su aprendizaje, en todos los aspectos. Para ello, lo expone continuamente a la toma de decisiones, a adquirir compromisos, a analizar su desempeno, a auto-evaluarse, a planificar, etc.