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Colegio Fontán

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Sistema Fontán ®

Los principios de nuestro sistema han sido adoptados uno por uno, en respuesta a exigencias teóricas o a hallazgos experimentales, no por negación (o por oposición a priori) de los principios del sistema tradicional. Sin embargo, por razones expositivas, vamos a presentarlos aquí como los opuestos lógicos a los principios del sistema escolar. La enumeración no es completa ni está hecha en orden de importancia.

El aprendizaje natural se rige siempre por este principio. Lo que importa es dominar un conocimiento, no simplemente “verlo” o “entenderlo”. Hay que llegar a la excelencia en el nivel requerido. El tiempo que se emplee en lograrlo es cosa secundaria.

En el sistema escolar, el estudiante trabaja con tiempo constante y rendimiento variable (y bajo, en promedio). En nuestro sistema, todo lo contrario: trabaja con tiempo variable y rendimiento constante (y siempre alto).

SistemaTiempoRendimiento
TradicionalConstanteVariable
FontánVariableConstante

El estudiante avanza siempre a su propio paso, no al de otros. Emplea el tiempo que necesita para un rendimiento óptimo, de excelencia. Puede hacer un grado escolar en cuatro meses, o quizá en 15, o en 23. Comienza a estudiar cuando quiere y termina cuando sabe.

El estudiante decide qué tema estudia y a qué hora. Qué materias escoge, cuándo se examina, a qué ritmo progresa. Cada alumno recibe la atención educativa que necesita.

“La verdadera Universidad de nuestro tiempo es una colección de libros», decía Carlyle. Es decir, nuestra civilización es una cultura escrita. El estudiante de hoy debe sumergirse en esa cultura escrita, no solo en las culturas orales primitivas. Esa «cultura del conocimiento» en la que el mundo vive está hecha de conocimientos lógicos, estructurados, apofánticos (de apofaino, mostrar). Y el lenguaje escrito es mucho más eficaz que el oral para la transmisión de esa clase de conocimientos. Hemos de dar prioridad educativa a la cultura escrita.

De acuerdo con este principio, los estudiantes que trabajan en nuestro sistema educativo no aprenden nunca «en clase», oyendo hablar a un profesor. Aprenden siempre leyendo. Ahora bien: los estudiantes ingresan en el sistema sabiendo leer muy poco, porque el sistema tradicional no les enseñó a leer mentalmente. Sólo los inició en el ma-me-mi-mo-mu, en la lectura oral correspondiente a la vocación de cultura oral que el sistema tiene. Para compensar esa deficiencia, comenzamos mejorando su capacidad de lectura mental de los estudiantes. Luego trabajan cada materia leyendo en textos especiales, diseñados por nosotros, en los que se aplican sistemáticamente los principios del aprendizaje. En esta forma, mejoran continuamente su capacidad de lectura mental.

El principio es éste: la excelencia es para todos. No sólo para una élite. Todos pueden alcanzar la excelencia: es sólo cuestión de tiempo. La mediocridad no es admisible.

Nuestros estudiantes presentan exámenes de todos los temas que estudian. Los piden cuando ellos se sienten bien preparados. Los exámenes son difíciles. En cada uno deben alcanzar la excelencia. El nivel de excelencia se simboliza con números (para plegarnos a las exigencias oficiales de calificaciones intercambiables con otros colegios). El mínimo teórico que debe alcanzar el estudiante es de 9 puntos (sobre 10). Si no llega al 10, un analista de materia le envía un análisis escrito, que le orienta sobre lo que debe hacer. El estudiante sigue entonces trabajando. Pide un nuevo examen, etc. Así continúa hasta que alcanza la excelencia en forma inequívoca.

Lo importante es que el estudiante adquiera una capacidad funcional que le permita la autodidaxis de por vida. No es importante que almacene «contenidos», pues esos están siempre a su alcance en alguna fuente (libro, enciclopedia, atlas, base de datos, internet, etc.). Lo importante es que perfeccione sus procesos mentales (cognoscitivos o motivacionales) para la adquisición autónoma de conocimientos.

La educación debe basarse en la experiencia del placer intelectual, no en el concepto de esfuerzo, deber o sacrificio. Este es quizá nuestro principio preferido. El que consideramos como base de todos los demás.

En nuestro sistema, el estudiante aprende siempre por su propia iniciativa. La técnica para lograrlo es demasiado compleja para explicarla en este resumen. Un ejemplo: al alumno no se le da el enunciado del teorema de Pitágoras para que se lo aprenda. Por el contrario, el alumno «re-inventa» el teorema partiendo de su experiencia, por un proceso de inducción.

Desde los inicios de la psicología científica en el siglo XIX (Weber, Fechner, Galton…) y a lo largo del siglo XX (Binet, Vygotski, Skinner, Piaget…), se han ido determinando principios o leyes básicas del aprendizaje animal y humano. Esas leyes fundamentales, equivalentes en la medicina a los principios básicos de la higiene o de la asepsia, y que son totalmente ignoradas en el SET, son el fundamento del nuevo sistema. Algunas de ellas ya se han mencionado antes: aprendizaje operante, retroalimentación inmediata, reforzamiento intrínseco, autorregulación del ritmo… Otras son, por ejemplo: aprendizaje significativo a partir de la ignorancia, rol positivo del error, búsqueda del desarrollo metacognitivo. En el nuevo sistema el estudiante aprende de acuerdo con ellas.

«Puedes llevar el caballo al agua, pero no puedes obligarlo a beber.» El alumno sólo aprenderá bien cuando desee hacerlo. Para ello, un sistema educativo debe brindarle la motivación adecuada. El nuestro ofrece una motivación basada sobre todo en reforzadores positivos intrínsecos. El estudiante aprende «por el gusto de aprender», como un auténtico intelectual.

El estudiante debe ser «promovido» a un estado de autonomía, de no necesitar al maestro, de trabajar y aprender por su cuenta, de ser intelectualmente adulto, etc. Nuestro sistema aplica sistemáticamente este principio.

El estudiante debe cargar con la responsabilidad de su aprendizaje, en todos los aspectos. Nuestro sistema lo adiestra sistemáticamente a conseguirlo. Para ello, lo expone continuamente a la toma de decisiones, a adquirir compromisos, a analizar su desempeño, a autoevaluarse, a planificar, etc.

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